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2501 Migrantes, XIV aniversario del MACO Texto: Askari Mateos Como un doble ejercicio apoteótico, en donde la tierra (el barro) reemplaza y homenajea a aquellos que abandonan sus lugares de origen: sus tierras, para ir a buscar el american dream, Alejandro Santiago (1964) presenta, como parte de la celebración del XIV aniversario (24 de febrero, 19:30 horas) del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) parte de la serie que lo ha hecho acreedor del reconocimiento de la Fundación Rockefeller: 2501 migrantes. Tres años le ha tomado a este creador oriundo de Teococuilco de Marcos Pérez, Sierra Norte, reconstruir a su familia y a su pueblo mediante las piezas de este proyecto. Pero aquellos 2501 migrantes que se han ido formado en una casona al final de unos terrenos donde se cultiva alfalfa, rábano y tomate, en el municipio de Santiago Suchilquitongo, Etla, por fin encontrarán el camino, el reconocimiento, la mirada aguzada de un tema que es reflejo de una realidad clausurada, al menos para los creadores empecinados en elaborar fantasías estéticas sin ningún peso discursivo —pareciera que en Oaxaca no pasa nada y nuestros “artistas” siguieran en una miopía cómoda en la que la tradición y el imaginario son la totalidad o la certeza para una vida carente de frugalidades. Para Santiago el arte se funde con la protesta social en un crisol de tierra árida en el que las comunidades oaxaqueñas se perfilan ante sus ojos como llanos en llamas que recuerdan los trazos rulfianos. Santiago es uno más de los que abandonó la tierra siendo un niño para ir a complementar su educación básica a la ciudad de Oaxaca, donde descubrió la pintura. Pero memoria es origen y tuvo que regresar veinte años después para observar que debido a la migración muchas cosas habían cambiado, “desaparecieron todas las veredas llenas de piedras que recorría cuando era niño”. A pesar de ello, asegura, que “la migración es un mal necesario consecuencia del sistema; es una realidad absurda necesaria en las sociedades…la culpa la tiene el gobierno por no implementar políticas públicas para detenerla”. Y si bien la crítica puede concebir el proyecto como una remembranza de los milenarios Guerreros de Terracota desenterrados de la tumba de Qin Shi Huang; o de los famosos Moais, gigantescas figuras humanas de piedra descubiertas en la Isla de Pascua en 1722; tal vez también relacionarlo con los Atlantes de Tula o con las colosales cabezas Olmecas, 2501 Migrantes es por sí mismo un estudio antropológico y una manifestación del más alto sentido humanístico, concebida tras un fuerte análisis del fenómeno social que es la migración. En voz de Santiago 2501 Migrantes “es un homenaje a los caídos en la línea, la dignificación por los que ya están allá y son discriminados, y la reflexión por los que se quedan. Cada escultura pretende reflejar a cada uno de nosotros con ellos, a ellos en su desnudez como migrantes, y a nosotros como parte de la realidad que vivimos”. 2501 migrantes ha convocado además la participación de muchas manos (artesanos) revirtiendo así la tendencia que los podría llevar a emigrar. Con la exposición de 2501 migrantes, el MACO festeja su XIV aniversario y se suma al extraordinario esfuerzo de Santiago por lograr que el arte recupere las fortaleza de influir en nuestra sociedad —la única migración debiera ser las de estas piezas a otras sedes como rúbrica del fenómeno— al incluir en su agenda una serie de actividades cuyo tema central será la migración. |
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