Por Myra Heideman
Este año el grupo Cuauhpanco celebra su décimo aniversario
y lo festejaron presentando tres obras en diferentes escenarios oaxaqueños
durante los meses de octubre y noviembre. Noche tras noche llenaron al
Teatro Macedonio Alcalá con una impresionante presentación
de Don Juan Tenorio, actuado completamente en verso. La Biblioteca Andrés
Henestrosa se convirtió en un campo manchego para Yo soy Quijote,
y en el Llano se revivió una leyenda oaxaqueña: Un cuento
de miedo para Cata. “Sobre el tablado” es el nombre en nahuatl
de este grupo teatral. Y sobre el tablado presentan sobre todo obras del
Siglo de Oro española, que son los siglos XVI y XVII .
“El lenguaje de los maestros de la dramaturgía como Lope
de Rueda, Lope de Vega, Tirso de Molina, y Cervantes es hermoso, pero
poco accesible porque es en verso. Tiene que ser un teatro muy bien escrito
y muy bien actuado para que la gente lo entienda. Los temas son del pueblo
y están situados en los campos españoles del siglo XVI y
XVII habitados por pícaros, hidalgos, nobles venidos a menos, damas
y caballeros de la ciudad, pero son temas universales con los que cualquier
ciudadano de tanto pueblo y ciudad, tanto en el siglo XVI o el XXI se
puede asociar: el amor, la traición, y la venganza”, motiva
su fascinación por la dramaturgía de esa época, uno
de los actores, Carlos Cruz . El y Wagive Jímenez estudiaron Teatro
del Siglo de Oro en la UNAM después de haber actuado en varias
obras del grupo Cuauhpanco. Hace dos años empezaron a dirigir ellos
mismos también. Uno de sus maestros era Oscar Ulises, quien hizo
la adaptación de Los Habladores, y de La Guarda Cuidadosa. Ahora
el grupo está trabajando en estos entremeses de Cervantes para
estrenarles en febrero del próximo año.
En la Edad Media, los entremeses fueron los platillos servidos en la mesa
real que venían acompañados por una copla escrita. En el
tiempo de Cervantes, fue el sainete el bocado y entremés la pieza
teatral. En todos ellos están acoplados los problemas y las ideas
de la época. La burocracia, la corrupción de los autoridades,
la intromisión de la iglesia son tratados de un estilo satírico
a través de una ironía sutil, sublimada.
A Oaxaca no había llegado este tipo de teatro, o al menos hace
muchos años que no se veía que quedó en el olvido.
Cuauhpanco quiere que el pueblo oaxaqueño que se acerque a los
clásicos del teatro español a través de sus obras
y que de ahí empiezen a leer y a interesarse más. Quieren
llevarles buena poesía, buen teatro y buena dramaturgía.
En el 2002 llevaron al escenario a Los Pasos de Lope de Rueda bajo el
temario El Siglo de Oro Español en Oaxaca del Siglo XXI. Es un
teatro corta y chusca y la gente lo recibió con entusiasmo.
Para el festejo mundial del cuarto centenario de la publicación
de Don Quijote de la Mancha, el director de la obra, Carlos Cruz, decidió
reestrenar la obra Yo soy Quijote. Representan unos capítulos de
la novela de forma mosaica. No es una obra aristotélica, es decir
que no hay un orden cronológico, sino que cada capítulo
es una episodia. Los cuatro actores dan cuerpo a ocho personajes de la
novela, entre otros Sancho Panza, Amadís de Gaula, Sansón
Garasco, y la sobrina de Don Quijote. El caballero andante Quijote se
enfrenta, armado de espada, con unos molinos que cree que son gigantes
que le quieren derrotar. También aparecen unos ingeniosos títeres
que habitan el Retablo del Maese Pedro donde, entre otras escenas, podemos
ver cómo doña Melicendra, esposa del príncipe Gaitero,
es seducida por un moro.
Pero no sólo es obra española lo que llevan a los escenarios.
El Llano dio lugar a la obra basada en leyendas oaxaqueña: Un cuento
de miedo para Cata, bajo la dirección de Wagive Jiménez.
Es una recopilación de tres cuentos: el de un conejo marullero
que a todo el mundo pide prestado pero nunca paga. El segundo cuenta del
por qué el jaguar se volvió pinto, y el último es
la historia de la Matlasihua, una mujer que se presenta a los hombres,
los hombres borrachos más que nada.
Los niños se dejaron maravillar por la magia del cuento de su propia
tierra. Muchos niños ya no conocen los cuentos de su pueblo, ya
que la televisión y la computadora están tomando el lugar
de la tradición de la literatura oral. Con la representación
de unas leyendas oaxaqueñas, los actores esperan que los niños
se interesen por su rica cultura y que empiecen o sigan a leer y a contarlas.
Un bonito regalo para su aniversario fue el Premio Nacional Jacaranda
de dirección y dramaturgía infantil para la obra de Un cuento
de miedo para Cata. Pero el mejor regalo siempre sigue siendo una sala
llena de caras maravilladas.
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