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Askari Mateos
Abrevando de la pintura europea hace más de 250 años se
realizaba en el país una importante producción de arte sacro
que en nuestros días se encuentra repartida en varios estados de
la República Mexicana. Pero es quizá la obra del pintor
de Tlalixtac, Miguel Cabrera (1695-1768), la que más ha trascendido
a través de los tiempos.
Conscientes de lo anterior cada año los organizadores del Festival
del Centro Histórico de la Ciudad de México, seleccionan
una pieza importante de algún templo para ser restaurada. En esta
ocasión tocó el turno a “La Reina de los Ángeles”
(Regina Angelorum), que data de 1767 y que pertenece a los tesoros que
de Miguel Cabrera tiene La Catedral Metropolitana.
Y es que a pesar de su finísima técnica y los excelentes
materiales con los que fueron elaboradas, la permanencia de las obras
de Cabrera no ha sido una mera casualidad; diversas manos han intervenido
en su restauración para lograr salvaguardar la vasta producción
del pintor novohispano, entre ellas las de Mónica Baptista, cuyo
taller “Restauro y Conservación” tiene la encomienda
de trabajar la Regina Angelorum, una pieza monumental de 4 x 3 metros
que estaba ubicada en el transcepto oriente del templo y que forma parte
de una tetralogía hecha por el pintor en 1767, justo un año
antes de su muerte.
La obra, dijo Baptista, fue recogida en septiembre de 2004 y la entrega
está programada para marzo del año en curso, pero no será
hasta el 20 de abril, cuando en presencia del Cardenal Norberto Rivera
Carrera, Arzobispo de la Arquidiócesis de México sea reinaugurada.
Era de esperarse que aunado a los traslados, la tierra y la resequedad,
“La Reina de los Ángeles” haya sufrido el deterioro
ineludible del paso del tiempo, pero al recibirla, destacó Baptista,
la pieza tenía roturas, golpes, suciedad, repintes y hollín,
producto del humo de los miles de velas y veladoras consumidas en su presencia
a lo largo de casi 250 años. Las otras tres piezas que también
planea restaurar si se reúnen los apoyos necesarios están
prácticamente en el mismo estado, agregó.
Baptista, quien estudió pintura en la academia de Bellas Artes
de Bélgica, se integró al mundo de la conservación
gracias a la invitación para colaborar como aprendiz en el taller
de un restaurador de ese país.
Cuando regresa de Bélgica entra a trabajar al Instituto Nacional
de Antropología e Historia (INAH) y participa en la restauración
de colecciones de todos los museos regionales del país, pues todas
las piezas y sitios prehispánicos, así como lo colonial
ubicado en iglesias, conventos y demás espacios religiosos o de
culto, pertenecen a la nación y están bajo el resguardo
del INAH, lo cual implica un vasto mundo de obra que conservar, del igual
modo, las obras del siglo XIX y XX competen al Instituto Nacional de Bellas
Artes (INBA).
Pero aunque la restauración profesional ya es bastante moderna,
el lineamiento ortodoxo internacional cuenta con rutas fijas de trabajo
en México desde hace 40 años, y el INAH ha establecido escuelas
y talleres que convienen a la nación, no hay suficiente gente que
la desarrolle debido a la vastedad del patrimonio y no siempre es fácil
conseguir los apoyos necesarios para llevarlas a cabo. Por eso es preciso
educar al ciudadano común para que conserve y no maltrate los monumentos
o piezas y no saquee los conventos o templos, pues el patrimonio es único
y aunque no lo puede tener en su casa le pertenece, aseguró.
Baptista, quien trabajó en la restauración de la pintura
de las yeserías de la capilla de los apóstoles ubicada a
la entrada al coro del ex convento de Santo Domingo y en las piezas de
Miguel Cabrera que se exhiben en el Museo de los Pintores Oaxaqueños
y pertenecen al Museo Zacatecano, aseguró que en la actualidad
está cambiando mucho el sentido de la producción y conservación
del arte, “Cabrera era un artista, pero también era un religioso,
para él pintar Regina Angelorum era un acto de devoción
que hacia que aquellas cosas fueran perdurables”.
Por eso, destacó, “serán sólo las obras contemporáneas
que atraviesen los siglos las que podrán conservarse, en este caso
las obras hechas por los maestros oaxaqueños con semillas y elementos
naturales difícilmente permanecerán y atravesarán
los siglos, ya nacieron para morir”.
Y agregó: “el arte contemporáneo ya no es para durar
cientos de años sino efímero porque se ha vuelto una labor
difícil la conservación”, y serán otro tipo
de métodos, como la fotografía, el cine y el periodismo,
los que detallarán su existencia, pero no así su trascendencia.
“Esto empezó con el arte moderno. Los happenings trajeron
obra de momento y, aunque actualmente no todo el arte que se produce es
así, gran parte es muy volátil. Pero es labor del restaurador
siempre estar trabajando detrás del artista, calladito, y conservar
para otras generaciones”
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