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ABRIL 2005




La Reina de los Angeles

Askari Mateos
Abrevando de la pintura europea hace más de 250 años se realizaba en el país una importante producción de arte sacro que en nuestros días se encuentra repartida en varios estados de la República Mexicana. Pero es quizá la obra del pintor de Tlalixtac, Miguel Cabrera (1695-1768), la que más ha trascendido a través de los tiempos.

Conscientes de lo anterior cada año los organizadores del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, seleccionan una pieza importante de algún templo para ser restaurada. En esta ocasión tocó el turno a “La Reina de los Ángeles” (Regina Angelorum), que data de 1767 y que pertenece a los tesoros que de Miguel Cabrera tiene La Catedral Metropolitana.

Y es que a pesar de su finísima técnica y los excelentes materiales con los que fueron elaboradas, la permanencia de las obras de Cabrera no ha sido una mera casualidad; diversas manos han intervenido en su restauración para lograr salvaguardar la vasta producción del pintor novohispano, entre ellas las de Mónica Baptista, cuyo taller “Restauro y Conservación” tiene la encomienda de trabajar la Regina Angelorum, una pieza monumental de 4 x 3 metros que estaba ubicada en el transcepto oriente del templo y que forma parte de una tetralogía hecha por el pintor en 1767, justo un año antes de su muerte.

La obra, dijo Baptista, fue recogida en septiembre de 2004 y la entrega está programada para marzo del año en curso, pero no será hasta el 20 de abril, cuando en presencia del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de la Arquidiócesis de México sea reinaugurada.

Era de esperarse que aunado a los traslados, la tierra y la resequedad, “La Reina de los Ángeles” haya sufrido el deterioro ineludible del paso del tiempo, pero al recibirla, destacó Baptista, la pieza tenía roturas, golpes, suciedad, repintes y hollín, producto del humo de los miles de velas y veladoras consumidas en su presencia a lo largo de casi 250 años. Las otras tres piezas que también planea restaurar si se reúnen los apoyos necesarios están prácticamente en el mismo estado, agregó.

Baptista, quien estudió pintura en la academia de Bellas Artes de Bélgica, se integró al mundo de la conservación gracias a la invitación para colaborar como aprendiz en el taller de un restaurador de ese país.

Cuando regresa de Bélgica entra a trabajar al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y participa en la restauración de colecciones de todos los museos regionales del país, pues todas las piezas y sitios prehispánicos, así como lo colonial ubicado en iglesias, conventos y demás espacios religiosos o de culto, pertenecen a la nación y están bajo el resguardo del INAH, lo cual implica un vasto mundo de obra que conservar, del igual modo, las obras del siglo XIX y XX competen al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Pero aunque la restauración profesional ya es bastante moderna, el lineamiento ortodoxo internacional cuenta con rutas fijas de trabajo en México desde hace 40 años, y el INAH ha establecido escuelas y talleres que convienen a la nación, no hay suficiente gente que la desarrolle debido a la vastedad del patrimonio y no siempre es fácil conseguir los apoyos necesarios para llevarlas a cabo. Por eso es preciso educar al ciudadano común para que conserve y no maltrate los monumentos o piezas y no saquee los conventos o templos, pues el patrimonio es único y aunque no lo puede tener en su casa le pertenece, aseguró.

Baptista, quien trabajó en la restauración de la pintura de las yeserías de la capilla de los apóstoles ubicada a la entrada al coro del ex convento de Santo Domingo y en las piezas de Miguel Cabrera que se exhiben en el Museo de los Pintores Oaxaqueños y pertenecen al Museo Zacatecano, aseguró que en la actualidad está cambiando mucho el sentido de la producción y conservación del arte, “Cabrera era un artista, pero también era un religioso, para él pintar Regina Angelorum era un acto de devoción que hacia que aquellas cosas fueran perdurables”.

Por eso, destacó, “serán sólo las obras contemporáneas que atraviesen los siglos las que podrán conservarse, en este caso las obras hechas por los maestros oaxaqueños con semillas y elementos naturales difícilmente permanecerán y atravesarán los siglos, ya nacieron para morir”.

Y agregó: “el arte contemporáneo ya no es para durar cientos de años sino efímero porque se ha vuelto una labor difícil la conservación”, y serán otro tipo de métodos, como la fotografía, el cine y el periodismo, los que detallarán su existencia, pero no así su trascendencia.
“Esto empezó con el arte moderno. Los happenings trajeron obra de momento y, aunque actualmente no todo el arte que se produce es así, gran parte es muy volátil. Pero es labor del restaurador siempre estar trabajando detrás del artista, calladito, y conservar para otras generaciones”


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