Noche de Rábanos
Como todos los años desde 1897 la Noche de Rábanos es una
fiesta netamente popular en la que los hortelanos y floricultores exhiben
sus diseños realizados con rábanos, flor inmortal y totomoxtle.
El evento constituyó un éxito, y la costumbre se ha conservado
hasta nuestros días. En 1908 pasó a ser "Noche de Rábanos",
y en 1922 los puestos de rábanos y flores fueron ubicados en la
Alameda de León.
Aunque el evento dura sólo unas horas, congrega a un gran número
de habitantes en el zócalo de la ciudad, quienes concurren con
el objeto de admirar la creatividad de los participantes en este concurso
anual.
Para poder llevarlo a cabo se realiza con meses de anterioridad la siembra
del barbecho y los rábanos y sólo unos días los participantes
en el concurso que premia el H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca, son
los encargados de ir a recoger la cantidad que necesitarán para
sus creaciones artísticas.
Según algunas fuentes en aquella época lejana, la primera
exposición al aire libre de la Noche de Rábanos se llevó
a cabo en la plaza de Marqués o la Plaza de las Armas, hoy Jardín
de la Constitución.
Después del primer concurso de floricultura, se hizo costumbre
que se celebre año con año. Al respecto el periódico
El Imparcial de la Ciudad de México le llamó "La Tradicional
Plaza de los Rábanos"
Dentro de las fiestas decembrinas de nuestra ciudad, la Noche de Rábanos
es sin duda alguna la celebración más llamativa y singular,
al acercarnos al maravilloso mundo oaxaqueño, expresado en la dulzura
de efímeras obras artesanales que con maestría reflejan
nuestras costumbres e identidad.
Sobre su origen, diversas versiones coinciden en el "Mercado de la
Vigilia de Navidad" , donde las familias oaxaqueñas de los
siglos XVIII y XIX concurrían para comprar las viandas necesarias
para la gran comida con que recordaban el nacimiento del Niño Dios
amas de casa que iban hasta los puestos, por cierto todos decorados; con
rábanos y cebollas trabajadas en forma de flor, dándole
así elegante marco al pescado seco, a los romeritos, a las aves,
a los chiles y al chocolate que formaban parte de la comida de Navidad.
Las obras que pueden ser apreciadas al visitar la exposición, plasman
hermosas postales de las más arraigadas fiestas, tradiciones y
costumbres locales, con lo que queda claro que el pueblo se niega a olvidar
los valores culturales que dan sentido a la convivencia humana. Esta fiesta
centenaria es un gran atractivo para propios y extraños, y conjuga
el arte y la tradición en el escenario mágico y espléndido
de la noche oaxaqueña.
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