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DICIEMBRE 2004




Noche de Rábanos

Como todos los años desde 1897 la Noche de Rábanos es una fiesta netamente popular en la que los hortelanos y floricultores exhiben sus diseños realizados con rábanos, flor inmortal y totomoxtle.

El evento constituyó un éxito, y la costumbre se ha conservado hasta nuestros días. En 1908 pasó a ser "Noche de Rábanos", y en 1922 los puestos de rábanos y flores fueron ubicados en la Alameda de León.

Aunque el evento dura sólo unas horas, congrega a un gran número de habitantes en el zócalo de la ciudad, quienes concurren con el objeto de admirar la creatividad de los participantes en este concurso anual.

Para poder llevarlo a cabo se realiza con meses de anterioridad la siembra del barbecho y los rábanos y sólo unos días los participantes en el concurso que premia el H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca, son los encargados de ir a recoger la cantidad que necesitarán para sus creaciones artísticas.

Según algunas fuentes en aquella época lejana, la primera exposición al aire libre de la Noche de Rábanos se llevó a cabo en la plaza de Marqués o la Plaza de las Armas, hoy Jardín de la Constitución.

Después del primer concurso de floricultura, se hizo costumbre que se celebre año con año. Al respecto el periódico El Imparcial de la Ciudad de México le llamó "La Tradicional Plaza de los Rábanos"

Dentro de las fiestas decembrinas de nuestra ciudad, la Noche de Rábanos es sin duda alguna la celebración más llamativa y singular, al acercarnos al maravilloso mundo oaxaqueño, expresado en la dulzura de efímeras obras artesanales que con maestría reflejan nuestras costumbres e identidad.
Sobre su origen, diversas versiones coinciden en el "Mercado de la Vigilia de Navidad" , donde las familias oaxaqueñas de los siglos XVIII y XIX concurrían para comprar las viandas necesarias para la gran comida con que recordaban el nacimiento del Niño Dios amas de casa que iban hasta los puestos, por cierto todos decorados; con rábanos y cebollas trabajadas en forma de flor, dándole así elegante marco al pescado seco, a los romeritos, a las aves, a los chiles y al chocolate que formaban parte de la comida de Navidad.

Las obras que pueden ser apreciadas al visitar la exposición, plasman hermosas postales de las más arraigadas fiestas, tradiciones y costumbres locales, con lo que queda claro que el pueblo se niega a olvidar los valores culturales que dan sentido a la convivencia humana. Esta fiesta centenaria es un gran atractivo para propios y extraños, y conjuga el arte y la tradición en el escenario mágico y espléndido de la noche oaxaqueña.


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