LIBROS PARA PUEBLOS
Janet Stanley 2002.
Una vez alcancé a escuchar a una mujer en una fiesta, mezclando
sus expresiones idiomáticas como muchos de nosotros que somos bilingües
decir: “Simplemente no logro entender la fascinación que
alguna gente tiene por “ayudar al pobre”. Viven como quieren,
están felices”. Viven como se les antoja vivir, están
felices. Esto debió haber sido un intrépido intento por
avivar la conversación, pero me puso a pensar. La actitud de “pobre
pero felíz” es una forma de armadura subliminal, torpemente
adoptada por gente buena como defensa, una arma psicológica de
supervivencia. Este amortiguador mental es particularmente seductor aquí
en Oaxaca, donde las espasmódicas escenas de pobreza se ven por
todos lados. Estamos abrumados; cualquier esfuerzo que hacemos para combatirlo
resulta humilde y mezquino. El mito de “pobre pero felíz”
nos permite aguantar la vida cotidiana; nos deja aceptar la pobreza como
algo irritante pero inevitable.
Recuerdo las palabras de esta mujer en cuanto entro al patio de una primaria
pobre de un pequeño pueblo justo a las afueras de la capital del
segundo estado más pobre de México. Llegué con Tom
Dunham y Jim Breedlove, dos estadunidenses que han hecho de Oaxaca su
casa y se niegan a aceptar el engaño de lo inevitable en cuanto
a la diferencia entre las personas. Junto con la ayuda y el apoyo de la
Biblioteca Circulante se han lanzado a una alegre aventura llamada Libros
para Pueblos.
Una pelota de fútbol soccer rebota mientras los participantes del
juego nos ven y corren hacia nosotros, saludan a los hombres llamándolos
por sus nombres, estrechando manos y bromeando. Jim y Tom son bien conocidos
y aceptados aquí. Un creciente grupo de niños de todas edades
se cuelga de nosotros en cuanto cruzamos los pasillos de terracería
que dividen los salones y nos aproximamos a la entrada del espacio que
recientemente se ha vuelto la biblioteca de la escuela.
Libros para Pueblos, un pequeño grupo de amigos amantes de la lectura,
ha instalado bibliotecas circulantes en las escuelas más pobres
del valle central de Oaxaca. Su meta no es enseñar a los niños
a leer, sino fomentar el amor por la lectura: la emoción que se
siente al abrir la portada de un nuevo libro, inhalar profundo y escapar
a otro mundo, lejos de la monotonía de su vida diaria, creando
vivencias que de otra forma no se podrían experimentar.
En los inicios del programa, Libros para Pueblos construyó pequeños
libreros y los abasteció de 40 libros de cuentos en español.
Fueron instalados en instituciones pre-escolares y primarias. Sin embargo,
con el paso del tiempo se hizo evidente que ya era insuficiente. Los niños
necesitaban más libros, un lugar especial dedicado a la biblioteca
y al menos una hora de clase por semana asignada a la lectura por placer.
Encontrar, o a veces, construir un lugar especial para los libros ha sido
un reto que ha involucrado a padres y familiares arruinados económicamente
que han encontrado la forma de comprar materiales para construcción,
e incluso construir con sus propias manos para que la biblioteca se haga
realidad.
Los maestros y el personal de las escuelas manejan y apoyan el programa
con entusiasmo, pero algún miembro de Libros para Pueblos visita
con regularidad cada escuela y trabaja con los lugareños para mantener
y mejorar el servicio. Hoy visitamos la primera escuela en donde una biblioteca
con espacio propio ha sido instalada: la Primaria Vicente Guerrero.
Está ubicada en una comunidad cuyos habitantes anteriormente vivían
de los basureros y de los desperdicios de la ciudad. Muchos de los niños
nunca habían visto un libro en sus pequeñas chozas de lámina,
las cuales habitan. No hay librerías ni bibliotecas en su pueblo.
Cada clase toma su turno para usar la biblioteca y ahora es para los chicos
de primero de primaria. Un fuerte bullicio nos saluda al entrar al salón.
Personitas chiquitas se mueven por todas partes, trepándose uno
encima del otro para alcanzar su libro favorito. Afortunadamente, no hay
reglas “de silencio”, ya que todos los lectores neófitos
pronuncian las palabras en voz alta, rodeados de varios compañeros,
leyendo en grupo. Tom y Jim parecen haber desaparecido y tengo que bajar
la vista “a nivel de 6 años” para encontrarlos. Cada
uno está con un grupo diferente, escuchándolos, bromeando,
señalando nuevas palabras, un nuevo libro. Hay empujones y risas,
en cuanto los niños terminan de leer.
Mientras crece el programa, nos topamos con nuevas preocupaciones. La
reparación y el reemplazo de libros viejos son positivos, en cuanto
a que son buenas señales de éxito del programa, pero es
un gasto constante. Se debe tener muchos libros para satisfacer 6 años
escolares de mente inquisitiva. La expansión y el crecimiento de
las bibliotecas existentes se debe considerar si queremos que se mantengan
vivas. Cada libro se selecciona y se revisa para evitar dar una tendencia
política, religiosa o comercial al programa. Hay una larga lista
de escuelas que ansiosamente esperan bibliotecas.
Todo esto lleva tiempo, dedicación y dinero.
Hoy, sin embargo, son preocupaciones lejanas. La realidad nos muestra
que un chico de primer año de la escuela Vicente Guerrero toma
su hora de clase programada para la lectura.
Entre la exuberancia de los niños, la avidez de Tom Y Jim y el
orgullo y sonrisas de los maestros, me doy cuenta que estoy presenciando
un verdadero intercambio. Dentro de este salón no hay resguardos
mentales que separen a los participantes, ni raciocinios para justificar
desigualdades. Las diferencias de edad, cultura, educación y nivel
socioeconómico se desvanecen en una estimulante mezcla de entusiasmo
que todos compartimos. Sólo vida, pero a todo lo que da. Me pregunto:
“Quiénes son los donantes aquí? Quién está
recibiendo?” La respuesta a ambas preguntas es “todos”.
Hay un dicho que compartimos con los mexicanos, y que responde a la tácita
pregunta de la mujer de la fiesta. En resumidas cuentas, todo lo que está
ocurriendo en esta pequeñita y nueva biblioteca se puede expresar
así:
¡La alegría es la recompensa!
Libros para Pueblos está financiado completamente por contribuciones
particulares y no cuenta con empleados pagados. A la fecha, se gasta alrededor
de $1,000 dólares (US) para que inicialmente se provean libros
para una escuela primaria. Si usted sabe de una escuela u organización
interesada en el patrocinio de una biblioteca en una primaria o secundaria
en Oaxaca, o si ud. está interesado en otorgar una donación
o en recibir información adicional, favor de contactar a:
Tom Dunham
Apdo. 1351
68000 Oaxaca, Oaxaca
México
Tel/Fax: 011 52 951 517 5641
E-mail: anatomic@spersaoaxaca.com.mx
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