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DICIEMBRE 2004




LIBROS PARA PUEBLOS
Janet Stanley 2002.

Una vez alcancé a escuchar a una mujer en una fiesta, mezclando sus expresiones idiomáticas como muchos de nosotros que somos bilingües decir: “Simplemente no logro entender la fascinación que alguna gente tiene por “ayudar al pobre”. Viven como quieren, están felices”. Viven como se les antoja vivir, están felices. Esto debió haber sido un intrépido intento por avivar la conversación, pero me puso a pensar. La actitud de “pobre pero felíz” es una forma de armadura subliminal, torpemente adoptada por gente buena como defensa, una arma psicológica de supervivencia. Este amortiguador mental es particularmente seductor aquí en Oaxaca, donde las espasmódicas escenas de pobreza se ven por todos lados. Estamos abrumados; cualquier esfuerzo que hacemos para combatirlo resulta humilde y mezquino. El mito de “pobre pero felíz” nos permite aguantar la vida cotidiana; nos deja aceptar la pobreza como algo irritante pero inevitable.

Recuerdo las palabras de esta mujer en cuanto entro al patio de una primaria pobre de un pequeño pueblo justo a las afueras de la capital del segundo estado más pobre de México. Llegué con Tom Dunham y Jim Breedlove, dos estadunidenses que han hecho de Oaxaca su casa y se niegan a aceptar el engaño de lo inevitable en cuanto a la diferencia entre las personas. Junto con la ayuda y el apoyo de la Biblioteca Circulante se han lanzado a una alegre aventura llamada Libros para Pueblos.

Una pelota de fútbol soccer rebota mientras los participantes del juego nos ven y corren hacia nosotros, saludan a los hombres llamándolos por sus nombres, estrechando manos y bromeando. Jim y Tom son bien conocidos y aceptados aquí. Un creciente grupo de niños de todas edades se cuelga de nosotros en cuanto cruzamos los pasillos de terracería que dividen los salones y nos aproximamos a la entrada del espacio que recientemente se ha vuelto la biblioteca de la escuela.

Libros para Pueblos, un pequeño grupo de amigos amantes de la lectura, ha instalado bibliotecas circulantes en las escuelas más pobres del valle central de Oaxaca. Su meta no es enseñar a los niños a leer, sino fomentar el amor por la lectura: la emoción que se siente al abrir la portada de un nuevo libro, inhalar profundo y escapar a otro mundo, lejos de la monotonía de su vida diaria, creando vivencias que de otra forma no se podrían experimentar.

En los inicios del programa, Libros para Pueblos construyó pequeños libreros y los abasteció de 40 libros de cuentos en español. Fueron instalados en instituciones pre-escolares y primarias. Sin embargo, con el paso del tiempo se hizo evidente que ya era insuficiente. Los niños necesitaban más libros, un lugar especial dedicado a la biblioteca y al menos una hora de clase por semana asignada a la lectura por placer.

Encontrar, o a veces, construir un lugar especial para los libros ha sido un reto que ha involucrado a padres y familiares arruinados económicamente que han encontrado la forma de comprar materiales para construcción, e incluso construir con sus propias manos para que la biblioteca se haga realidad.

Los maestros y el personal de las escuelas manejan y apoyan el programa con entusiasmo, pero algún miembro de Libros para Pueblos visita con regularidad cada escuela y trabaja con los lugareños para mantener y mejorar el servicio. Hoy visitamos la primera escuela en donde una biblioteca con espacio propio ha sido instalada: la Primaria Vicente Guerrero.

Está ubicada en una comunidad cuyos habitantes anteriormente vivían de los basureros y de los desperdicios de la ciudad. Muchos de los niños nunca habían visto un libro en sus pequeñas chozas de lámina, las cuales habitan. No hay librerías ni bibliotecas en su pueblo.

Cada clase toma su turno para usar la biblioteca y ahora es para los chicos de primero de primaria. Un fuerte bullicio nos saluda al entrar al salón. Personitas chiquitas se mueven por todas partes, trepándose uno encima del otro para alcanzar su libro favorito. Afortunadamente, no hay reglas “de silencio”, ya que todos los lectores neófitos pronuncian las palabras en voz alta, rodeados de varios compañeros, leyendo en grupo. Tom y Jim parecen haber desaparecido y tengo que bajar la vista “a nivel de 6 años” para encontrarlos. Cada uno está con un grupo diferente, escuchándolos, bromeando, señalando nuevas palabras, un nuevo libro. Hay empujones y risas, en cuanto los niños terminan de leer.

Mientras crece el programa, nos topamos con nuevas preocupaciones. La reparación y el reemplazo de libros viejos son positivos, en cuanto a que son buenas señales de éxito del programa, pero es un gasto constante. Se debe tener muchos libros para satisfacer 6 años escolares de mente inquisitiva. La expansión y el crecimiento de las bibliotecas existentes se debe considerar si queremos que se mantengan vivas. Cada libro se selecciona y se revisa para evitar dar una tendencia política, religiosa o comercial al programa. Hay una larga lista de escuelas que ansiosamente esperan bibliotecas.

Todo esto lleva tiempo, dedicación y dinero.
Hoy, sin embargo, son preocupaciones lejanas. La realidad nos muestra que un chico de primer año de la escuela Vicente Guerrero toma su hora de clase programada para la lectura.

Entre la exuberancia de los niños, la avidez de Tom Y Jim y el orgullo y sonrisas de los maestros, me doy cuenta que estoy presenciando un verdadero intercambio. Dentro de este salón no hay resguardos mentales que separen a los participantes, ni raciocinios para justificar desigualdades. Las diferencias de edad, cultura, educación y nivel socioeconómico se desvanecen en una estimulante mezcla de entusiasmo que todos compartimos. Sólo vida, pero a todo lo que da. Me pregunto: “Quiénes son los donantes aquí? Quién está recibiendo?” La respuesta a ambas preguntas es “todos”. Hay un dicho que compartimos con los mexicanos, y que responde a la tácita pregunta de la mujer de la fiesta. En resumidas cuentas, todo lo que está ocurriendo en esta pequeñita y nueva biblioteca se puede expresar así:
¡La alegría es la recompensa!

Libros para Pueblos está financiado completamente por contribuciones particulares y no cuenta con empleados pagados. A la fecha, se gasta alrededor de $1,000 dólares (US) para que inicialmente se provean libros para una escuela primaria. Si usted sabe de una escuela u organización interesada en el patrocinio de una biblioteca en una primaria o secundaria en Oaxaca, o si ud. está interesado en otorgar una donación o en recibir información adicional, favor de contactar a:
Tom Dunham
Apdo. 1351
68000 Oaxaca, Oaxaca
México
Tel/Fax: 011 52 951 517 5641
E-mail: anatomic@spersaoaxaca.com.mx


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