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JUNE 2006

Galerķas de Arte


El Salón Central ¿Lugar o No-Lugar?

Askari MATEOS
Definir un espacio como El Salón Central que nació de la necesidad colectiva de crear un punto de encuentro para un microgrupo o tribu —como lo definen los antropólogos— incluyente y abierto al intercambio, permite la posibilidad de un análisis profundo que nos lleva a entender el concepto de ciudad, que para Robert Ezra Park, el inspirador del movimiento de la Escuela de Chicago, es el sitio del “surgimiento del individuo como unidad de pensamiento y de acción”.

¿Pero qué es El Salón Central?
Guillermo Olguín, cuenta que El Salón Central es un proyecto que nace por la necesidad de encontrar un espacio donde los amigos pudieran coincidir: una orfandad. Una vez que La Tentación es renovada se convierte en reducto de zócalo boys honrados de ser los proveedores de una serie de servicios al turismo femenino, principalmente anglosajón, a cambio de visas sentimentales y, con ello este precursor del salsa mix en Oaxaca deja de ser un espacio capaz de interesar a la tribu que asiste al “club privado de artistas” —como Olguín lo ha definido El central— ubicado en Hidalgo 302; la misma maldición caería en El Piano y el Sofá, La Farola y otros más que, tras ser remodelados perdieron su esencia cautivadora.

Olguín cuenta que en 1999 El Salón Central no era otra cosa que su taller. Tras haber viajado a Europa, específicamente Hungría, y de haber conocido pequeñas salas que proyectaban películas de arte a bajo costo, tuvo el deseo de convertir su espacio en un cine, antes que de que Francisco Toledo regalará a Oaxaca El Pochote. Pero “Toledo arrancó el Pochote y nosotros le echamos la mano consiguiendo las butacas, así que el cine ya estaba, pero seguía faltando un lugar, un punto de encuentro… Un día me cayó un poco de lana, producto de mi pintura y quité mi taller; durante un año y medio estuve armándolo y en noviembre de 2001 se inaugura en obra negra… desde el primer día tuvo buena convocatoria”.

Posteriormente y poco a poco “El Central” empezó a alimentarse de pequeños detalles convirtiéndolo en un espacio ecléctico que “casi no se parecía a ningún otro lugar del mundo. Y no era para apantallar ni para hacer que los europeos se sintieran en casa, era para entrar a un lugar no-lugar; era un viaje por el mundo: Cuba, Rusia, Turquía, España, Francia, Inglaterra…” Había sido dado a luz un espacio alternativo de cultural en cuyo interior podía caber el mundo entero.

Cuando Guillermo Olguín viajó a París, durante su estancia en esa ciudad cerraron El Central por 7 meses… “casi lo disuelven”. Por el hecho de ser artistas, la gente poderosa de la sociedad oaxaqueña argumentaba que era un espacio donde se vendía y consumía droga. “Un día cayeron decenas de policías y revisaron a los clientes: no encontraron nada, pero a la semana lo cerraron por un problema de licencia; yo decidí que no quería negociar con el municipio y lo hice un “club privado de artistas” que durante un año abrió clandestinamente”.

Además de lo anterior, El Central “ha desatado una andanada de malentendidos” y prejuicios, hay quienes han asegurado que ahí se hacen misas negras, sólo por el hecho de que parte de la escenografía del lugar incluye pequeñas figuras o totems de otras culturas.

Precisamente la labor artística y la donación de obra fue la que logró que pudieran abrir nuevamente y establecerlo como un colectivo: El Colectivo Central, en el que un 7 por ciento de lo que se consume es destinado a un fondo de apoyo a organizaciones civiles que ayudan a distintos sectores de la sociedad oaxaqueña.

Este espacio, que aún sigue sufriendo allanamientos por parte del municipio, es un lugar de conciertos, buen cine, exposiciones y pretende eventualmente editar los trabajos literarios de jóvenes creadores. Además ha establecido un convenio con La Alianza Franco Mexicana de Oaxaca, está creando lazos en la Ciudad de México para descentralizar la cultura y acercarla a Oaxaca ofreciendo un espacio de altura.
“Es un bar y una forma de ofrecer cultura y trabajar en favor de los chavos de calle y otras fenómenos que necesitan ser atacados en favor de la sociedad. No es que seamos herederos de la filantropía pero es imposible caminar por esta ciudad sin darte cuenta que está jodida”.

Y es que para Olguín es importante descentralizar la mal organizada cultura institucional que oferta el estado, de tal suerte que en “El Central” es posible asistir a un concierto de primer nivel y apreciar las creaciones de artistas muy conocidos dentro y fuera del país con lo que se descontextualiza y desmitifica el papel que éste (el artista) tiene, al establecer una comunicación inmediata que permite la crítica en corto.

En conclusión, El Central es un espacio multifuncional en el que cada noche que abre sus puertas se formulan historias de todo tipo; es un lugar capaz de convocar a un cierto grupo o tribu de intelectuales con preocupaciones que encuentran eco entre sí.

Por eso, pensar que El Salón Central es un no-lugar, resulta aventurado toda vez que no es complicado atisbar el surgimiento en Oaxaca de un espacio en donde tribus urbanas o neotribales pueden converger en una suerte de necesidad que se aleja de ser un simple servicio para convertirse en un espacio de identidad. Según Michel Maffesoli, otro destacado antropólogo, éstas (las tribus) buscan construir una nueva forma de sociabilidad, en donde “lo fundamental es vivir con el grupo, alejarse de lo político para adentrarse en la complicidad de lo compartido al interior del colectivo (códigos estéticos, rituales, formas de escuchar música, lugares propios)… La sociabilidad neotribal opone una actitud empática en donde las relaciones intersubjetivas se mueven en una cuestión de ambiente más que de contenidos específicos; de feeling más que de una racionalidad de medios o fines”.

Lo anterior queda reforzado con los proyectos que el colectivo gestiona: planea los domingos hacer matinées para los niños. Además, fuera del espacio comprendido como El Salón Central, en su momento, el colectivo intentó recuperar el cine Mitla, pero no lo consiguieron, ahora pretenden invitar a Francisco Toledo para recuperar el cine Reforma y hacer una cineteca.

En su libro Los no-lugares. Espacios del anonimato (Gedisa, Barcelona, 1993), Marc Augé, profesor de antropología y etnología de l'Ecole des Hautes Études en Science Sociales de París habla también de la masificación como una forma de ausencia de todo lo que da sentido a la vida cotidiana (imágenes, imaginario, nombres, apodos, presencia). “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no-lugar”.

“Un no-lugar es un espacio propiamente contemporáneo de confluencia anónima. Es un espacio de espera en tránsito en el que no es posible entablar diálogos breves y en el que a menudo todo lo que vincula a dos individuos es un fugaz cruce de miradas. Un no-lugar es aquel en que se comparte un espacio y se viven encuentros anónimos que quizá jamás vuelvan a repetirse.

Con la teoría de Augé queda claro que El Central sí es un lugar: de encuentro e identidad, no así para aquellos que van de paso, la gente que no pertenece al microgrupo o tribu, la gente fuera de una sociedad que ha reformulado el espacio y lo ha hecho suyo noche a noche en una especie de glamour alternativo cuyas preocupaciones van más allá de la diálisis clasista.

http://www.colectivocentral.com/


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