Ofrenda para los difuntos
Si está en Oaxaca por estos días, usted quedará maravillado
por el cempazuchitl que va a encontrar en los puestos en las banquetas
junto al mercado. Verá mucha gente alrededor de los numerosos puestos
en el mercado para comprar manzanas, plátanos, guayabas, copal,
velas y dulces: los Oaxaqueños se están preparando para
el Día de Muertos, la festividad más importante en México.
El primero y dos de noviembre los mexicanos honran a sus difuntos convirtiendo
las lápidas en lugares coloridos y alegres y construyendo altares
en sus casas. Esta tradición data de tiempos prehispánicos.
Los tarascos que florecieron de 1100 a 1520 DC y tenían su centro
político y cultural en Patzcuaro, Michoacán, creían
que los muertos regresaban a sus hogars un día al año para
visitar a sus familiares. Con la invasión de Hernán Cortés
y sus hombres en 1519, la celebración cambió y es hoy una
combinación del catolicismo europeo y la creencia indígena
sobre la muerte.
Mientras que la muerte en la sociedad occidental se cubre de tristeza
con negro como el color dominante, en México es un festín
de colores, música, bebidas y comida. Honrar a los espíritus
es su forma de comunicarse con sus difuntos. La gente adorna los sepulcros
y los altares en sus casas con gran esmero y cuidado.
En todas las diferentes sociedades prehispánicas agrícolas,
la cosmovisión común era que después de morir, tu
espíritu trasciende después de la muerte. Esto era considerado
un estado activo donde los muertos desempeñaron el papel de mediadores
entre la vida y las deidades que representaron y gobernaron sobre los
poderes de la naturaleza. Comenzaron a adorar a aquellos que trascendieron
el tiempo enterrando a la gente con objetos especiales que tenían
un significado mágico para invocar la fertilidad de la tierra.
La evidencia arqueológica es amplia. Numerosas figuras humanas
en barro fueron encontradas junto a ofrendas de comida en tumbas excavadas.
El significado y la función de las tumbas se fue transformando
de un entierro informal a un muy formal cementerio. La idea de un mundo
“sin puerta trasera” desapareció poco a poco y fue
gradualmente sustituida dando a la muerte un sentido trascendental, permitiendo
a las sociedades de Mesoamérica crear un homenaje a la muerte.
Habían dos días para recordar la muerte en el calendario
solar en Mesoamérica de la gente que habitó lo que hoy es
México. Los meses en este periodo se contaban en 22 días.
La primera celebración era en el noveno mes, Tlaxochimaco (que
se traduce: cuando las flores florecen) y la fiesta se llamó Miccailhuitontili
(Una pequeña celebración de muertos). En esta fecha se recordaba
a los muertos, aunque unos historiadores dicen que era para honrar a los
niños que habían muerto. La segunda celebración era
la gran celebración de muertros y se llevaba a cabo en el décimo
mes, Xocotl huctzi (cuando la fruta cae). En nuestro calendario el noveno
y décimo mes coinciden con Agosto y septiembre. La celebración
de Tlaxochimaco podría apenas ser comparada con las festividades
de Xocotl huctzi. El cronista Diego Duran dice que las celebraciones aztecas
sucedían día y noche, dentro y fuera de los templos y que
personas teñían sus cuerpos de negro y se untaban las caras
de hollín.
Durante la conquista española y la misión evangélica
de la Iglesia Católica, lo primero que trataron de destruir fueron
las creencias prehispánicas, junto con conceptos nativos del mundo
y la vida, incluyendo la muerte. En ambas culturas, azteca y cristiana,
sin emabrgo la idea de infierno, purgatorio y paraíso existen.
No podían destruir completamente una cultura antigua, así
que la Iglesia Católica alentó el sincretismo, mezclando
las creencias cristianas con las tradiciones predominantes de la tierra
que estaban conquistando. Las celebraciones católicas de todos
los santos y día de muertos (1 y 2 de noviembre) fueron sobrepuestos
fácilmente en las tradiciones de muertos tarasca. Hasta hoy usted
puede ver símbolos cristianos tales como los crucifijos, los santos
y las velas colocadas junto a símbolos indígenas como las
ofrendas de flores y tabaco.
El altar de muertos está formado por un arco hecho de caña
que simboliza una puerta al o del inframundo El arco se cubre completamente
con cempazuchitl y se adorna con fruta tales como naranjas, manzanas y
plátanos, que sirven como un homenaje al sol, los planetas y la
luna. En este universo flota el pan de muertos. Este pan de muertos es
preparado por madres e hijas el 30 de octubre y toma las formas humanas
y de animales. Las calaveras de azúcar son las últimas y
más prominentes figuras colgadas en los arcos. La comida colocada
n el altar será comida por los vivos, pero se cree que los espíritus
consumen los olores del alimento ofrecido. En muchos altares encontrará
las delicias típicas mexicanas como los tamales, platos de frijoles,
enchiladas, tacos, los dulces y el chocolate. La Coca Cola, cerveza y
el tequila o mezcal son las bebidas más comunes y para difuntos
fumadores se colocan los cigarrillos, a menudo en las manos de un esqueleto.
El copal se utiliza para ahuyentar los malos espíritus y las llamas
de las velas sirven para calentar las manos y los cuerpos fríos
de los espíritus. El altar consiste generalmente de cuatro capas,
cada una representa uno de la cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego.
Los lugares más populares para ver estas festividades son el cementerio
en Soso o el panteón general en el barrio de Jalatlaco. La leyenda
dice que había una vez un taxista que recogió a una joven
en el panteón y la llevó a la dirección que ella
le dio. Llegando a la casa, la chica le dijo al taxista que no tenía
dinero, pero prometió pagarle al día siguiente. Ella le
pidió que viniera a la casa y hablara con su madre. El taxista
accedió regresar al día siguiente por su dinero. Cuando
llamó a la puerta de la casa donde había dejado a la chica
el día anterior y preguntó por la joven, la señora
le dijo que la chica que él mencionaba no vivía allí.
“¿Dónde la recogió Señor? ”, ella
le preguntó. “En el panteón general”, y ella
decidió dejarlo entrar. Le mostró algunos retratos de sus
hijos y le preguntó al taxista si era una de esas chicas la que
él subió al taxi. Él reconoció a una de ellas.
“Ella es mi hija la más joven. Murió hace seis años”.
Los espíritus siempre nos pueden encontrar…
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