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Myra Heideman
"El dios de la luna y de los vientos, Quetzalcóatl, descendió
a la tierra para enseñar a hombres la ciencia, artes y para darles
una planta valiosa que él había robado de sus dioses hermanos:
el queachahuatl, el árbol del cacao. Estos dioses hermanos tomaron
venganza en Quetzacóatl apenándolo delante de los hombres
para forzarlo a abandonar a los hombres y regresar a su tierra de luz.
Por lo tanto el cacao solamente prospera en tierras lejanas, los lugares
en donde Quetzalcóatl pasó sus últimas horas."
Esta leyenda, tomada de las tradiciones indígenas, nos trae a la
fascinante historia del cacao. Esas tierras lejanas son las tierras del
río de Amazonas en donde el cacao fue encontrado hace 3.500 años.
Su cultivación y domesticación, sin embargo, se dice comenzó
en lo que ahora es México y Guatemala. La evidencia arqueológica
del cultivo alrededor del año 1000 A.C. se encuentra en Cacahoatán,
Chiapas.
Cubierto de una aureola de mitología y magia, cada cultura indígena
tenía su propia versión de la historia del cacao. Esta,
la versión azteca: "una princesa se fue para guardar un gran
tesoro, mientras su marido estaba fuera tratando de defender el imperio.
Ella fue asaltada por los enemigos que la forzaron a decir el lugar secreto
del tesoro ocultado. Como venganza por su silencio, la mataron. De la
sangre vertiente de la fiel princesa nació la planta del cacao;
el sabor amargo es una metáfora del sufrimiento. Era un regalo
de Quetzalcoatl a la fidelidad pagada con muerte".
Las numerosas leyendas acerca del cacao dejan poca duda sobre la importancia
de ésta semilla en las culturas prehispánicas. Primero fue
descubierta y cultivada en el sureste de Mesoamerica en tiempos de los
olmecas (1200 -900 A.C.) y jugó un papel importante en el período
clásico de los mayas (250 – 900 DC). Como en el caso del
maíz, el desarrollo de su cultivo funcionó paralelo a la
sociedad civil y a las diversas formas de organización del estado.
Las regiones que produjeron cacao fueron donde los centros ceremoniales
se desarrollaron, como Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Chiapas, Morelos, Guerrero
y Michoacán. El cacao estaba presente en cada aspecto de la vida
en las diferentes sociedades de Mesoamerica. Aparte de ser un producto
alimenticio y
médico, sirvió a un propósito económico. Las
semillas del cacao fueron utilizadas como monedas. Hasta entonces no existían
las monedas como tal, el único medio de intercambio era el trueque.
Para tener una idea del valor del cacao en el periodo Maya, un esclavo
valía diez semillas, y una visita a una prostituta eran doce. El
cacao fue intercambiado por plumas finas, jade o cualquier otro producto
valioso. Como todos los objetos deseables, la semilla del cacao era también
objeto de falsificación, usando toda clase de material como llenarlas
de lodo para hacerlas ver más grandes o intentando de engañar
dando una semilla de aguacate en lugar de. El uso del cacao como monedas
disminuyó con los años. En la época colonial no pudo
competir con el real español. En áreas remotas, sin embargo,
sobrevivió como moneda hasta mediados del siglo XIX. Como medicina
fue aplicada a una variedad de enfermedades y tenía un efecto terapéutico.
Los curanderos la prescribían para aligerar los dolores abdominales
y se utilizó en casos de envenenamiento. Era una medicina para
problemas del riñón, ayudó a la digestión
y sirvió para luchar contra la fiebre tifoidea. Pero en cualquier
caso, para sanos o enfermos, entonces y ahora, aumenta el placer sexual.
Los olmecas, toltecas, mayas, aztecas y casi todas las culturas mesoamericanas
reconocieron cualidades divinas en el cacao. Los botánicos asumieron
ésta idea nombrándola Theobroma (alimento de los dioses).
El cacao fue relacionado inevitablemente con los ritos religiosos. Simbólicamente,
la planta representó el corazón en casi todas las culturas
de Mesoamerica. Su origen etimológico implica cierta relación
con sacrificios humanos a los dioses. En una canción encontrada
por Bernardino de Sahagún, la palabra cacáhuatl se utiliza,
literalmente, como el corazón de sacrificios. El chocolate era
la bebida imprescindible para concluir las ceremonias de sacrificios religiosos.
Los mayas honraron a su dios de los comerciantes y de los cultivadores
del cacao, Ek Chuac, (ek significa negro y estrella en maya) de una manera
muy especial: En el mes Muan, el décimo quinto mes del año
maya, la ciudad entera venía a la plantación a atestiguar
el sacrificio de un perro que tenía puntos en su piel del color
del cacao. Quemaban incienso, después de lo cual ofrecían
una iguana azul, plumas de aves y daban una hoja de cacao a cada funcionario,
de modo que Ek Chuac hiciera cosechas prósperas.
Una forma maya tradicional de preparar la bebida era mezclar un poco de
cacao pelado, con otra semilla de ceiba, agregando agua, mezclando y dejando
reposar. La parte perfumada que se recogía en la superficie era
separada y el líquido era hervido con maìz. Cuando se enfriaba,
la parte perfumada era añadida, mezclada de nuevo y servida fría
con flores aromáticas, vainilla y a veces chile.
La bebida no era para todos, las mujeres se excluían de gozar de
esta receta. Durante el imperio azteca solamente los nobles o los guerreros
distinguidos tenían el derecho de consumir esta bebida energética.
El resto de la población tenía permitido beberla solamente
durante ciertas ceremonias y aún entonces requerían permiso
especial. Beber chocolate sin permiso les costaba la vida.
Después de la Conquista, la bebida llegó a ser accesible
a todos los estratos de la sociedad. En la Nueva España era extremadamente
popular entre los monjes y las monjas puesto que era el único estimulante
que estaba permitido.
La Conquista y el cacao en Europa
Por supuesto que los conquistadores españoles tuvieron que estar
muy interesados en este ingrediente mágico. El primer contacto
de Colón con cacao fue durante un encuentro con un grupo de comerciantes
que se lo ofrecieron, pues era el equivalente del oro. Hernán Cortes
no estuvo interesado al principio; fue en 1520 cuando él entendió
el valor de la planta, cuando entendió que el cacao podría
resolver sus problemas financieros y podría ayudarlo a obtener
oro. Él volvió a España llevando las frutas del cacao
que pronto llamaron la atención de los botánicos. Tomó
solamente algunos años para que los españoles se atrevieran
a probar la nueva bebida de Mesoamérica. En 1585, la primera carga
del cacao cruzó el Atlántico a la península ibérica,
que es el mismo tiempo en que la palabra "chocolate" fue introducida.
Antes de la conquista la bebida fue llamada cacahuatl.
En Europa, se experimentó con esta delicia, fue de Charles V (Carlos
I de España) la idea de agregarle azúcar y después
toda clase te especias recientemente descubiertas en Asia por los europeos,
como el anís, almendras, pimienta, canela. En aquel tiempo tambièn
se convirtió en una bebida caliente en Europa, mientras que en
Mesoamérica se tomaba frío hasta el siglo XVII. La bebida
era considerada un producto de lujo y solamente accesible para los nobles
y privilegiados.
La importación del cacao llegó a ser tan importante para
la economía española que intentaron proteger su negocio
prohibiendo la exportación del cacao a cualquier otro país
que no fuera suyo, pero los holandeses pasaron de contrabando el producto
comprando clandestinamente de Venezuela. Este negocio llegó a ser
tan importante que Amsterdam terminó siendo el depositario general
del cacao. A finales del siglo XVII España no recibió un
solo grano del cacao de Venezuela, que exportaba cerca de 3.3 millones
de kilogramos entre 1706 y 1722 ningún barco transportó
cacao a la península ibérica; los "dueños"
de América necesitaron entonces a los holandeses para conseguir
su chocolate, una materia que había llegado a ser imprescindible
para ellos.
Chocolate hoy: Oaxaca es impensable sin el chocolate, usted no puede
salir de la ciudad sin probar el chocolate. Vaya a alguno de los puestos
de chocolate en los mercados del centro de la ciudad y piérdase
en el delicioso mundo del chocolate.
"El dulce mexicano", la almendra oscura que se acumuló
en las aldeas indígenas de Mesoamérica como dinero y como
componente básico de su nutritiva bebida; fruta del árbol
tropical que subyugó el paladar de la aristocracia europea y que
se convirtió en el ingrediente esencial de los postres hasta el
día de hoy; todo esto y más era y es el cacao, el espléndido
regalo de América al mundo.
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