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SEPTIEMBRE 2005

Galerķas de Arte


Cacao: Regalo de Quetzalcóatl a los niños del sol

Myra Heideman
"El dios de la luna y de los vientos, Quetzalcóatl, descendió a la tierra para enseñar a hombres la ciencia, artes y para darles una planta valiosa que él había robado de sus dioses hermanos: el queachahuatl, el árbol del cacao. Estos dioses hermanos tomaron venganza en Quetzacóatl apenándolo delante de los hombres para forzarlo a abandonar a los hombres y regresar a su tierra de luz. Por lo tanto el cacao solamente prospera en tierras lejanas, los lugares en donde Quetzalcóatl pasó sus últimas horas." Esta leyenda, tomada de las tradiciones indígenas, nos trae a la fascinante historia del cacao. Esas tierras lejanas son las tierras del río de Amazonas en donde el cacao fue encontrado hace 3.500 años. Su cultivación y domesticación, sin embargo, se dice comenzó en lo que ahora es México y Guatemala. La evidencia arqueológica del cultivo alrededor del año 1000 A.C. se encuentra en Cacahoatán, Chiapas.

Cubierto de una aureola de mitología y magia, cada cultura indígena tenía su propia versión de la historia del cacao. Esta, la versión azteca: "una princesa se fue para guardar un gran tesoro, mientras su marido estaba fuera tratando de defender el imperio. Ella fue asaltada por los enemigos que la forzaron a decir el lugar secreto del tesoro ocultado. Como venganza por su silencio, la mataron. De la sangre vertiente de la fiel princesa nació la planta del cacao; el sabor amargo es una metáfora del sufrimiento. Era un regalo de Quetzalcoatl a la fidelidad pagada con muerte".

Las numerosas leyendas acerca del cacao dejan poca duda sobre la importancia de ésta semilla en las culturas prehispánicas. Primero fue descubierta y cultivada en el sureste de Mesoamerica en tiempos de los olmecas (1200 -900 A.C.) y jugó un papel importante en el período clásico de los mayas (250 – 900 DC). Como en el caso del maíz, el desarrollo de su cultivo funcionó paralelo a la sociedad civil y a las diversas formas de organización del estado. Las regiones que produjeron cacao fueron donde los centros ceremoniales se desarrollaron, como Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Chiapas, Morelos, Guerrero y Michoacán. El cacao estaba presente en cada aspecto de la vida en las diferentes sociedades de Mesoamerica. Aparte de ser un producto alimenticio y
médico, sirvió a un propósito económico. Las semillas del cacao fueron utilizadas como monedas. Hasta entonces no existían las monedas como tal, el único medio de intercambio era el trueque. Para tener una idea del valor del cacao en el periodo Maya, un esclavo valía diez semillas, y una visita a una prostituta eran doce. El cacao fue intercambiado por plumas finas, jade o cualquier otro producto valioso. Como todos los objetos deseables, la semilla del cacao era también objeto de falsificación, usando toda clase de material como llenarlas de lodo para hacerlas ver más grandes o intentando de engañar dando una semilla de aguacate en lugar de. El uso del cacao como monedas disminuyó con los años. En la época colonial no pudo competir con el real español. En áreas remotas, sin embargo, sobrevivió como moneda hasta mediados del siglo XIX. Como medicina fue aplicada a una variedad de enfermedades y tenía un efecto terapéutico. Los curanderos la prescribían para aligerar los dolores abdominales y se utilizó en casos de envenenamiento. Era una medicina para problemas del riñón, ayudó a la digestión y sirvió para luchar contra la fiebre tifoidea. Pero en cualquier caso, para sanos o enfermos, entonces y ahora, aumenta el placer sexual.

Los olmecas, toltecas, mayas, aztecas y casi todas las culturas mesoamericanas reconocieron cualidades divinas en el cacao. Los botánicos asumieron ésta idea nombrándola Theobroma (alimento de los dioses). El cacao fue relacionado inevitablemente con los ritos religiosos. Simbólicamente, la planta representó el corazón en casi todas las culturas de Mesoamerica. Su origen etimológico implica cierta relación con sacrificios humanos a los dioses. En una canción encontrada por Bernardino de Sahagún, la palabra cacáhuatl se utiliza, literalmente, como el corazón de sacrificios. El chocolate era la bebida imprescindible para concluir las ceremonias de sacrificios religiosos. Los mayas honraron a su dios de los comerciantes y de los cultivadores del cacao, Ek Chuac, (ek significa negro y estrella en maya) de una manera muy especial: En el mes Muan, el décimo quinto mes del año maya, la ciudad entera venía a la plantación a atestiguar el sacrificio de un perro que tenía puntos en su piel del color del cacao. Quemaban incienso, después de lo cual ofrecían una iguana azul, plumas de aves y daban una hoja de cacao a cada funcionario, de modo que Ek Chuac hiciera cosechas prósperas.

Una forma maya tradicional de preparar la bebida era mezclar un poco de cacao pelado, con otra semilla de ceiba, agregando agua, mezclando y dejando reposar. La parte perfumada que se recogía en la superficie era separada y el líquido era hervido con maìz. Cuando se enfriaba, la parte perfumada era añadida, mezclada de nuevo y servida fría con flores aromáticas, vainilla y a veces chile.

La bebida no era para todos, las mujeres se excluían de gozar de esta receta. Durante el imperio azteca solamente los nobles o los guerreros distinguidos tenían el derecho de consumir esta bebida energética. El resto de la población tenía permitido beberla solamente durante ciertas ceremonias y aún entonces requerían permiso especial. Beber chocolate sin permiso les costaba la vida.

Después de la Conquista, la bebida llegó a ser accesible a todos los estratos de la sociedad. En la Nueva España era extremadamente popular entre los monjes y las monjas puesto que era el único estimulante que estaba permitido.

La Conquista y el cacao en Europa

Por supuesto que los conquistadores españoles tuvieron que estar muy interesados en este ingrediente mágico. El primer contacto de Colón con cacao fue durante un encuentro con un grupo de comerciantes que se lo ofrecieron, pues era el equivalente del oro. Hernán Cortes no estuvo interesado al principio; fue en 1520 cuando él entendió el valor de la planta, cuando entendió que el cacao podría resolver sus problemas financieros y podría ayudarlo a obtener oro. Él volvió a España llevando las frutas del cacao que pronto llamaron la atención de los botánicos. Tomó solamente algunos años para que los españoles se atrevieran a probar la nueva bebida de Mesoamérica. En 1585, la primera carga del cacao cruzó el Atlántico a la península ibérica, que es el mismo tiempo en que la palabra "chocolate" fue introducida. Antes de la conquista la bebida fue llamada cacahuatl.

En Europa, se experimentó con esta delicia, fue de Charles V (Carlos I de España) la idea de agregarle azúcar y después toda clase te especias recientemente descubiertas en Asia por los europeos, como el anís, almendras, pimienta, canela. En aquel tiempo tambièn se convirtió en una bebida caliente en Europa, mientras que en Mesoamérica se tomaba frío hasta el siglo XVII. La bebida era considerada un producto de lujo y solamente accesible para los nobles y privilegiados.

La importación del cacao llegó a ser tan importante para la economía española que intentaron proteger su negocio prohibiendo la exportación del cacao a cualquier otro país que no fuera suyo, pero los holandeses pasaron de contrabando el producto comprando clandestinamente de Venezuela. Este negocio llegó a ser tan importante que Amsterdam terminó siendo el depositario general del cacao. A finales del siglo XVII España no recibió un solo grano del cacao de Venezuela, que exportaba cerca de 3.3 millones de kilogramos entre 1706 y 1722 ningún barco transportó cacao a la península ibérica; los "dueños" de América necesitaron entonces a los holandeses para conseguir su chocolate, una materia que había llegado a ser imprescindible para ellos.

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"El dulce mexicano", la almendra oscura que se acumuló en las aldeas indígenas de Mesoamérica como dinero y como componente básico de su nutritiva bebida; fruta del árbol tropical que subyugó el paladar de la aristocracia europea y que se convirtió en el ingrediente esencial de los postres hasta el día de hoy; todo esto y más era y es el cacao, el espléndido regalo de América al mundo.


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