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AGOSTO 2005

Galerķas de Arte


2501 Migrantes
Askari Mateos

Alejandro Santiago (1964), es originario Teococuilco de Marcos Pérez, lugar que abandonó a los nueve años para ir a complementar su educación básica a la ciudad de Oaxaca. Fue ahí donde descubrió que lo suyo no era el estudio sino la pintura, actividad que lo ha convertido en uno de los artistas plásticos más sobresalientes con decenas de exposiciones dentro y fuera del país.

Diez años pasaron antes de que regresara a su pueblo para participar en una fiesta patronal (29 de junio, día de San Pedro); otros diez para que volviera a ir y descubriera que debido a la migración muchas cosas habían cambiado, sobretodo lo arquitectura “…ahora hay puras casas de tabicón gris y de dos pisos, desaparecieron todas las veredas llenas de piedras que recorría cuando era niño”.

Y es que para Santiago la migración es un mal necesario consecuencia del sistema. “Es una realidad absurda necesaria en las sociedades, pero la culpa la tiene el gobierno por no implementar políticas públicas para detenerla”.

Para la crítica puede ser una remembranza de los milenarios Guerreros de Terracota desenterrados de la tumba de Qin Shi Huang; o de los famosos Moais, gigantescas figuras humanas de piedra descubiertas en la Isla de Pascua en 1722; tal vez también alude a los Atlantes de Tula o a las colosales cabezas Olmecas, pero el proyecto 2501 Migrantes es por sí mismo un estudio antropológico y una manifestación del más alto sentido humanístico, concebida tras un fuerte análisis del fenómeno social de la migración.

Para el artista serrano “es un homenaje a los caídos en la línea, la dignificación por los que ya están allá y son discriminados, y la reflexión por los que se quedan. “Cada escultura pretende reflejar a cada uno de nosotros con ellos, a ellos en su desnudez como migrantes, y a nosotros como parte de la realidad que vivimos”.

Y es que Santiago ve en Oaxaca un núcleo plástico en el que, “aunque hay muchos pintores muy buenos, todo gira alrededor de un pastel. Es muy especial (el arte oaxaqueño) en todo el mundo, pero no deja de ser sólo un lujo”. Por ello, en una de estas reflexiones decidió ir a su pueblo, hace más de un año, para encontrar algo diferente, algo suyo: un arte comprometido con la historia.

Después de un largo sondeo en cuestiones de técnica, resistencia y color, Alejandro Santiago ha elaborado unas 300 piezas, aunque en este momento serían el doble sin aquel día de lluvia en el que se le mojaron igual número de esculturas que aún no se horneaban “…sólo un montón de barro encontré”.

El camino de 2501 Migrantes ha sido sinuoso y ha consumido prácticamente todos sus ahorros, además al principio no fue simple conseguir el barro; el que le funciona muy bien por su resistencia en el trabajo y en el horno es el de Atzompa. Por eso, dice, “fui a hablar con el presidente municipal y le platiqué de mi proyecto. Le dije que necesitaba 400 toneladas”. Se las negaron, no le podían vender esa cantidad. Días después fue a San Bartolo Coyotepec “…pero el problema de ese barro es que es demasiado fino y no tiene la misma resistencia”.

Fue el ceramista zacatecano Adán Paredes quien le dijo que en su tierra encontraría el barro que necesitaba. Y hoy, Alejandro Santiago paga 2 mil 700 pesos por cada tonelada del material que le traen de Zacatecas.

Ya con el barro suficiente y tras la elaboración de las primeras piezas se dio cuenta que si les ponía color se perdería el conjunto y con ello el mensaje, pues interferían muchas líneas, por eso decidió hacer tres distintas series, con igual número de tonos y sin color alguno.

Las piezas terminadas muestran una fuerte carga simbólica, aparte de la manos utiliza elementos como huaraches, morrales, canastos, números y letras: la muerte, la vida, el infinito; en fin, hasta las muerde, asegura, y destaca: “llevan a cuestas el sufrimiento, pero no es tanto la imagen sino la textura: el barro es la piel, el barro es agua, fuego, tierra y viento”.

Y es que asegura que la parte metafísica del trabajo es muy bonita “…a veces con los amigos —recuerda la vez que lo visitó la cantante Lila Downs— entre cervezas y mezcales, ponemos algunas velas en la bodega y parece que las piezas se mueven”.

Hasta el momento el artista ha apostado todo su capital a este proyecto y hace unos meses estaba dispuesto a vender su casa si era necesario. Pero ya no tendrá que hacerlo pues, a través del pintor Juan Alcázar, las galerías Quetzalli en Oaxaca y Bond Latin en San Francisco, EUA, Santiago se hizo acreedor hace unas semanas de una beca de la Fundación Rockefeller para dar continuidad a su proyecto.

Santiago presentará a finales del mes de agosto parte del proyecto (250 piezas) en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO). Será los primeros meses de 2006 cuando lo lleve a su lugar de origen: Teococuilco de Marcos Pérez, donde colocará las 2501 piezas, “una en el patio de cada casa, en la iglesia, en el palacio municipal, en el panteón, en las veredas, en los nichos, la idea es llenar el pueblo”.

Para esta primera presentación el MACO prepara un catálogo que incluirá un texto del antropólogo Francisco José Cervantes Ruiz, donde analizará la trascendencia social del proyecto, y el crítico de arte Carlos Aranda hará lo propio para valorar el significado artístico de las piezas que integran 2501 Migrantes.
Por su parte, Casa Lamm y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ya han documentado el proyecto para revisar los alcances de éste dentro de la producción actual del arte y del fenómeno de migración en Oaxaca, respectivamente.

Alejandro Santiago exhibe desde el 21 de julio su obra reciente en el Museo Diego Rivera de Guanajuato, un pequeño guiño del trabajo pictórico que está realizando.


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