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Askari Mateos
Alejandro Santiago (1964), es originario Teococuilco de Marcos Pérez,
lugar que abandonó a los nueve años para ir a complementar
su educación básica a la ciudad de Oaxaca. Fue ahí
donde descubrió que lo suyo no era el estudio sino la pintura,
actividad que lo ha convertido en uno de los artistas plásticos
más sobresalientes con decenas de exposiciones dentro y fuera del
país.
Diez años pasaron antes de que regresara a su pueblo para participar
en una fiesta patronal (29 de junio, día de San Pedro); otros diez
para que volviera a ir y descubriera que debido a la migración
muchas cosas habían cambiado, sobretodo lo arquitectura “…ahora
hay puras casas de tabicón gris y de dos pisos, desaparecieron
todas las veredas llenas de piedras que recorría cuando era niño”.
Y es que para Santiago la migración es un mal necesario consecuencia
del sistema. “Es una realidad absurda necesaria en las sociedades,
pero la culpa la tiene el gobierno por no implementar políticas
públicas para detenerla”.
Para la crítica puede ser una remembranza de los milenarios Guerreros
de Terracota desenterrados de la tumba de Qin Shi Huang; o de los famosos
Moais, gigantescas figuras humanas de piedra descubiertas en la Isla de
Pascua en 1722; tal vez también alude a los Atlantes de Tula o
a las colosales cabezas Olmecas, pero el proyecto 2501 Migrantes es por
sí mismo un estudio antropológico y una manifestación
del más alto sentido humanístico, concebida tras un fuerte
análisis del fenómeno social de la migración.
Para el artista serrano “es un homenaje a los caídos en la
línea, la dignificación por los que ya están allá
y son discriminados, y la reflexión por los que se quedan. “Cada
escultura pretende reflejar a cada uno de nosotros con ellos, a ellos
en su desnudez como migrantes, y a nosotros como parte de la realidad
que vivimos”.
Y es que Santiago ve en Oaxaca un núcleo plástico en el
que, “aunque hay muchos pintores muy buenos, todo gira alrededor
de un pastel. Es muy especial (el arte oaxaqueño) en todo el mundo,
pero no deja de ser sólo un lujo”. Por ello, en una de estas
reflexiones decidió ir a su pueblo, hace más de un año,
para encontrar algo diferente, algo suyo: un arte comprometido con la
historia.
Después de un largo sondeo en cuestiones de técnica, resistencia
y color, Alejandro Santiago ha elaborado unas 300 piezas, aunque en este
momento serían el doble sin aquel día de lluvia en el que
se le mojaron igual número de esculturas que aún no se horneaban
“…sólo un montón de barro encontré”.
El camino de 2501 Migrantes ha sido sinuoso y ha consumido prácticamente
todos sus ahorros, además al principio no fue simple conseguir
el barro; el que le funciona muy bien por su resistencia en el trabajo
y en el horno es el de Atzompa. Por eso, dice, “fui a hablar con
el presidente municipal y le platiqué de mi proyecto. Le dije que
necesitaba 400 toneladas”. Se las negaron, no le podían vender
esa cantidad. Días después fue a San Bartolo Coyotepec “…pero
el problema de ese barro es que es demasiado fino y no tiene la misma
resistencia”.
Fue el ceramista zacatecano Adán Paredes quien le dijo que en su
tierra encontraría el barro que necesitaba. Y hoy, Alejandro Santiago
paga 2 mil 700 pesos por cada tonelada del material que le traen de Zacatecas.
Ya con el barro suficiente y tras la elaboración de las primeras
piezas se dio cuenta que si les ponía color se perdería
el conjunto y con ello el mensaje, pues interferían muchas líneas,
por eso decidió hacer tres distintas series, con igual número
de tonos y sin color alguno.
Las piezas terminadas muestran una fuerte carga simbólica, aparte
de la manos utiliza elementos como huaraches, morrales, canastos, números
y letras: la muerte, la vida, el infinito; en fin, hasta las muerde, asegura,
y destaca: “llevan a cuestas el sufrimiento, pero no es tanto la
imagen sino la textura: el barro es la piel, el barro es agua, fuego,
tierra y viento”.
Y es que asegura que la parte metafísica del trabajo es muy bonita
“…a veces con los amigos —recuerda la vez que lo visitó
la cantante Lila Downs— entre cervezas y mezcales, ponemos algunas
velas en la bodega y parece que las piezas se mueven”.
Hasta el momento el artista ha apostado todo su capital a este proyecto
y hace unos meses estaba dispuesto a vender su casa si era necesario.
Pero ya no tendrá que hacerlo pues, a través del pintor
Juan Alcázar, las galerías Quetzalli en Oaxaca y Bond Latin
en San Francisco, EUA, Santiago se hizo acreedor hace unas semanas de
una beca de la Fundación Rockefeller para dar continuidad a su
proyecto.
Santiago presentará a finales del mes de agosto parte del proyecto
(250 piezas) en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO).
Será los primeros meses de 2006 cuando lo lleve a su lugar de origen:
Teococuilco de Marcos Pérez, donde colocará las 2501 piezas,
“una en el patio de cada casa, en la iglesia, en el palacio municipal,
en el panteón, en las veredas, en los nichos, la idea es llenar
el pueblo”.
Para esta primera presentación el MACO prepara un catálogo
que incluirá un texto del antropólogo Francisco José
Cervantes Ruiz, donde analizará la trascendencia social del proyecto,
y el crítico de arte Carlos Aranda hará lo propio para valorar
el significado artístico de las piezas que integran 2501 Migrantes.
Por su parte, Casa Lamm y la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) ya han documentado el proyecto para revisar los alcances de éste
dentro de la producción actual del arte y del fenómeno de
migración en Oaxaca, respectivamente.
Alejandro Santiago exhibe desde el 21 de julio su obra reciente en el
Museo Diego Rivera de Guanajuato, un pequeño guiño del trabajo
pictórico que está realizando.
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